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Vegetable cutlets de 1918

Estaba pensando hacer alguna receta de aprovechamiento que se saliese un poco de lo común (caldos, sopas, gratinados, potajes, salteados…) teniendo en cuenta también el consumo energético y la posible escasez de algunos alimentos, así que me fui directamente a buscar sobre la alimentación en la Primera Guerra Mundial. Sí, ya sé, no hace falta irse tan lejos, pero te da una visión bastante diferente. Recordemos que estamos hablando de 1914-1917, en el contexto de países que participaron en la guerra, con una industria alimentaria no tan grande como ahora, y en el que la mayoría de hogares no contaban con electrodomésticos que ahora se nos hacen imprescindibles, como la batidora o el microondas.
Muchos de estos países no pudieron o no supieron elaborar planes para alimentar tanto a civiles como a militares (recordemos: 4 años de guerra, muchos millones de personas), por lo que solo quedaba la reducción del consumo de alimentos básicos (en la época) como el trigo. En Italia por ejemplo, hubo grandes protestas de mujeres que tomaron las calles por el altísimo precio de los alimentos (podéis leer mucho más aquí). En el Reino Unido se pedía reducir el consumo de trigo y carne y en 1918 establecieron un sistema de cartillas de racionamiento para intentar que todo el mundo tuviese algo que comer. En EEUU, que se unió a la guerra en 1917, se publicitaba que se consumiera menos trigo, carne, grasas y azúcar para poder enviarlo a los soldados, a los países europeos que sufrían escasez y para evitar los costes de la importación de estos productos. También en EEUU promovieron los Lunes Sin Carne (Meatless Mondays) y los Miércoles sin Trigo (Wheatless Wednesdays) con el mismo propósito.

Uno de los pocos libros de recetas que se publicaron en la época fue The Victory Cookery Book, que conocí a través de este post . Los libretos de «cocina y salud» de Lydia E. Pinkham Medicine Company eran mitad recetas mitad publicidad. Podéis verlos enteros aquí.
Por eso decidí centrarme en el libro de Mrs. Peel y en concreto en las recetas con verduras que escribe.
En el post de coquinaria.nl, donde lo vi por primera vez, se atreven con los «vegetable cutlets», que son los que voy a hacer como receta principal. Me pareció un ejemplo excelente porque es una receta que sale de los restos de otra, que parece que queda muy aparente y deliciosa, y que a su vez nos hace mirar otras partes del libro en las que encontramos muchas más ideas.

Voy a hacer la receta lo más parecida posible a la original. Los cambios que he hecho los comento también. No os preocupéis, iré explicando las cosas poco a poco con las referencias del libro (está disponible en archive.org, ábrelo o bájatelo). Empezaremos con la receta de «vegetable cutlets» de la página 169. «Cutlets» puede ser «hamburguesas» o «chuletas» o «croquetas». Por el parecido (en seguida lo veréis), lo más correcto sería «croquetas«.

Dificultad: media
Tiempo de preparación: aprox. 30 minutos + tiempos de reposo
Raciones: para 4 personas
Ingredientes:

♥ 1 onza de cebolla picada (1 onza = 28,35 g)
♥ 1/2 onza de grasa (usaremos aceite de oliva pero puedes usar perfectamente margarina, era una grasa que se usaba bastante, o grasa de coco, que también se usaba) (1/2 onza = 14,17 g)
♥ 1 onza de harina (de trigo, blanca, normal)
♥ 1 libra de verduras mixtas de haber hecho caldo – deben estar lo más escurridas y secas posible (1 libra = 453,59 g)
♥ sal y pimienta
♥ una pizca de nuez moscada (molida)
♥ un poco de arroz molido y masa (para empanar) (la receta de la mezcla está en la página 233)
♥ pan rallado (del que sea que tengas)
♥ salsa vegetal (no especifica cuál, pero supongo que es la «brown vegetable sauce or gravy» de las páginas 22-23. Yo he hecho otra, la «mayonnaise sauce without eggs» de la página 47; lo explico más abajo)

Para poder hacer estas croquetas necesitamos verduras de haber hecho caldo, así que si no tienes, primero tendrás que hacer caldo :)
En el libro, en la página 20, está la receta básica de caldo de verduras, que recomienda hacer con «zanahorias, nabos, cebollas, puerros, apio, col (1 libra de estas verduras mezcladas), 1/2 onza de grasa (si es posible, 1 onza), 1/4 de onza de sal», todas ellas cortadas en dados de 1/2 pulgada de lado (1,27 cm). Yo no suelo cortarlas tanto porque después de tanto tiempo de cocción algunas de ellas se deshacen demasiado, y si quiero un caldo muy claro mejor que eso no suceda. Podéis hacerlo como queráis, también sin aceite o con algunas verduras asadas al horno, que le dan mucho más sabor (por ejemplo el puerro y la cebolla). Yo he usado col, nabos, nabicol (rutabaga, es lo de color anaranjado pálido), apio, zanahorias, puerro y chirivía. La col es un trozo entero (aprox. 1/4 de una col lisa mediana) que pongo en la olla con un poco de aceite, dejo que se dore y añado el resto de ingredientes. Dorándola un poco da mucho mejor sabor.

Verduras restantes de haber preparado caldo

Lo que veis ahí pesa más de 1 kg (han absorbido agua y el plato no es pequeño precisamente), así que usaré un poco menos de la mitad para esta receta.

«Fríe la cebolla picada con la grasa hasta que esté cocinada pero sin color», o lo que es lo mismo, pocha la cebolla a fuego lento hasta que esté translúcida.

«Añade la harina y mezcla con la grasa; entonces pica las verduras, añádelas, y calienta todo junto». Mirad, mejor picamos primero las verduras, mientras se hace la cebolla, porque si no se nos puede tostar demasiado la harina. Así que una vez pongamos la cebolla en la sartén, picamos las verduras de caldo (bien finas). Cuando la cebolla esté translúcida añade la harina y mézclalo bien. Agrega entonces las verduras picadas.

«Sazona con sal, pimienta y una pizca de nuez moscada, combínalo cociéndolo bien, removiendo todo el tiempo.» Sal y pimienta al gusto (será menos de 1/4 de cucharadita de sal, pizca de pimienta y pizca de nuez moscada). Cuando lo estés removiendo verás que parece masa de croquetas. Efectivamente, es como masa de croquetas pero sin líquido. Dependiendo de las verduras que uses necesitará más o menos tiempo de cocción. Yo vi que mejor que remover era dejar que se dorase una pizca a fuego medio y voltear la mitad. Como si fueses a dar la vuelta a una tortita, pero como esto no está tan cohesionado, la mitad «voladora» se plegará sobre la que está en la sartén. Repitiéndolo varias veces nos queda una masa cohesiva y con trocitos de verdura, no hecho una pasta.

«Poner en un plato para que se enfríe.» Si lo sacáis se enfriará más rápidamente, pero no hay problema en retirar la sartén y dejar que se enfríe.

Aquí está mi masa ya fría. Se puede ver lo que comentaba de «doblar la masa», cosa que hice unas cuantas veces hasta que tuvo buena consistencia. Coincidió además con que la masa soltó el aceite, por eso se ve en la sartén, no es que yo añadiese más.

«Cuando esté frío, darle forma de pera, usando arroz molido u otra harina». No os aconsejo darle forma de pera y después aplastarlo (como dice la autora), es más fácil si vais cogiendo trozos de la sartén y los enharináis, planos, dando la forma que queráis, para después rebozarlos. Lo digo porque si lo hacéis como comenta la receta (lo pongo más adelante), es más difícil aplanar y darle forma.

Así es como los he ido haciendo. Coger porciones de masa, pasar por la harina de arroz (es harina de arroz normal y corriente, de la que venden en cualquier supermercado; no es harina de arroz glutinoso ni nada especial) y dar forma, más o menos, de pera. Tampoco hay que esmerarse mucho. La masa es bastante fácil de trabajar, es como masa de croqueta pero sin la pegajosidad de la bechamel. Eso sí, es blandita, ten cuidado para no romperla.

Me han salido 9 cutlets un poco más grandes que una croqueta. Algunos los he hecho más grandes que otros por ver qué tal quedan una vez fritos. ¿Mejor pequeños y muy planos o grandes y gordos? Lo veremos después de freírlos ;)

«Cubre las formas ligeramente con masa y pan u otras migas ralladas. Hazlas rodar, aún con la forma de pera, y ahora dobla la punta y presiona con un cuchillo o con la mano recta». Si lo empanáis y después los intentáis dar forma, es muy probable que, al aplastar la masa, queden partes sin pan rallado. El mejor momento para darles forma es cuando los vamos a pasar por la harina de arroz, así que ese paso de rodar y doblar y todo eso lo vamos a omitir. Ya tenemos nuestras «peras planas» así que ahora toca rebozar y empanar. La masa para el rebozado está en la página 233:

«Para hacer masa para rebozar. Esta masa se usa en lugar del huevo en rissoles, etc. Mezcla 4 onzas de harina o una mezcla de harina (la mitad de la cual ha de ser harina de trigo) con media pinta de agua o leche, o agua y leche, y una pizca de sal. Cuando los artículos a rebozar van a ser horneados, un poquito de aceite añadido a la masa es muy útil para dar buen color al empanado».

Para la masa líquida he usado 4 onzas (113,39 g, redondeado a 113 g; una taza de harina son unos 125 gramos, así que una taza menos una cucharada, aprox.) de mezcla de harina: mitad harina de trigo y mitad lo que sobró de harina de arroz del paso anterior. Aunque no vayan a ir al horno, he decidido hacer caso al consejo y añadir un poco de aceite a la masa. A la harina le añadí 1 cucharada de aceite de oliva y un poco de sal (como 1/8 de cucharadita) y después el agua (media pinta, 236,5 ml; una taza son 250, así que podéis llenar una taza y quitarle 1 cucharada), poco a poco, mezclando bien, hasta que quede una mezcla más bien cremosa. Recomiendo tener a mano más agua porque tras pasar por la mezcla unas cuantas croquetas verás que se va haciendo más espesa (parte de la harina de arroz pasa a la mezcla).

El pan rallado es casero y tiene de todo lo que me va sobrando: pan de trigo integral, de centeno, de avena, con semillas, pan blanco normal… El pan de centeno que suelo comer es el que viene en un bloque envuelto, cortado en lonchas. Para hacer pan rallado con ello, como es complicado por ser lonchitas finas, lo troceo con la mano y a la batidora. Se pueden formar bolitas al principio, pero solo tienes que batir unos minutos más para que se deshagan y quede más fino. Guarda el pan rallado en un bote hermético en la despensa.

Ahora solo tienes que pasar las croquetas primero por la mezcla líquida, escurriendo bien, y después por el pan rallado.

Una vez tengas todos empanados puedes congelarlos o refrigerarlos para cocinar en otro momento.

Si quieres servirlos con salsa, prepárala antes de freírlos. Yo he elegido hacer la salsa mayonesa sin huevos del libro (página 47):

«Salsa mayonesa sin huevos. Materiales: 1 lata de leche condensada (solían ser 200 ml) o 1/2 pinta de leche fresca (236,5 ml), 1 onza de almidón de maíz o de patata (28,35 g), un poco de aceite, 1/2 tacita (gill, sistema imperial, 1 gill = 142 ml) de vinagre fuerte, media cucharadita de mostaza, sal y una pizca de cayena.». Bien, usaremos bebida de soja, de arroz o de almendras (sin azucarar y sin sabores), almidón de maíz (maicena), aceite de oliva y vinagre de manzana. Por las proporciones me parece una barbaridad la cantidad de vinagre, y más si tiene que ser «vinagre fuerte» (vinagre de malta o de vino tinto). Salvo que os gusten las mayonesas extremadamente ácidas y astringentes, no os recomiendo usar tanta cantidad ni de vinagres fuertes. Yo he usado 50 ml de vinagre de manzana y os aseguro que queda fuerte.

Entiendo que esta «mayonesa» ha de servirse caliente. Aunque no llegue a hervir la leche, 28 gramos de almidón son muchos para 236 ml. Intuí que en cuanto se enfriase un poco formaría película y cuando se enfriase del todo se haría un bloque. Y eso es lo que sucede. Bueno, vamos con la receta de la mayonesa.

«Mezcla el almidón o harina con la leche, llévalo casi a ebullición, pero que no llegue a hervir, ya que haría al almidón pegajoso. Añade el aceite si es obtenible -con una pequeña cantidad sirve, o la salsa se puede hacer sin ello. Entonces añade el vinagre, mostaza, sal y pimienta, y mezcla bien»

Mezcla en un cacito la bebida vegetal (un poco menos de una taza) con el almidón de maíz (aprox. 1/4 de taza). Usa un batidor de varillas manual o una cuchara de palo. Ponlo al fuego, a fuego medio-alto, removiendo constantemente. Cuando esté a punto de hervir ponlo a fuego lento, añade el aceite removiendo rápidamente, y después el vinagre (yo he usado 50 ml de vinagre de manzana), mostaza (le he puesto mostaza de dijon a la antigua, la que tiene las bolitas enteras), sal y una pizquita de cayena en polvo, sin dejar de remover. Cuando esté todo bien mezclado retíralo y sírvelo. Si te apesta mucho a vinagre (procura no poner la cabeza encima y aspirar, que igual te da un jari), cuécelo un ratito más a fuego lento. Ten en cuenta que cuanto más tiempo lo tengas al fuego más irá espesando. Aunque lo tengas poco tiempo va a espesar mucho por la cantidad de almidón que lleve, así que sírvelo mientras sigue caliente o no habrá manera de mojar las croquetas en ello.

La mayonesa sin huevo calentita de Mrs. Peel

Una vez hecha la salsa seguimos con las croquetas. Que si las hacemos antes es posible que lleguen frías a la mesa. Que no pasa nada, están buenas igual, pero si la idea es comer caliente, pues mejor las doramos antes de servir.

«Para cocinarlos, freír en una sartén con muy poco aceite. Cuando un lado esté dorado, dar la vuelta y freír el otro lado igual, o si la grasa no está disponible pueden ser asados al horno mezclando el pan rallado con un poquito de grasa antes de empanarlos, entonces se ponen en una bandeja para hornear y se hacen al horno hasta que se doren.»
Pon un poquito de aceite en una sartén antiadherente (3-4 cucharadas, lo que necesites para formar una capita fina en el fondo de la sartén) a fuego medio-alto. Cuando alcance aprox. 170ºC puedes ir metiendo las croquetas que quepan. Dales la vuelta con cuidado. Si ves que se doran muy rápido baja un poco el fuego. Tardarán unos 3 minutos por cada lado (más o menos, según el tamaño). Sácalos a una rejilla para que sigan crujientes al servirlos.

Y así nos quedan unos «vegetable cutlets» super bonitos, crujientes y exquisitos.
No os recomiendo freírlos con mucho aceite, no quedan mejor. No es que absorban mucho aceite (que no deberían si están bien empanados y el aceite a 175-180ºC), es que son más propensos a deshacerse y a soltar trocillos de pan rallado. No quedan grasientos y se pueden comer calientes o fríos. La «mayonesa», como no tiene apenas aceite, tampoco los hace muy pesados (una mayonesa normal suele tener más del 60% de aceite).

Los más gruesos quedan mejor, así que si los aplastas no los dejes como un folio o no se notará la cremosidad del interior.

La «mayonesa» da el pego bastante aunque sea caliente. Para mi gusto mejor con menos vinagre y ajo en lugar de cayena, y por supuesto con menos almidón porque tarda poco en convertirse en un bloque.

«Son agradables fríos o calientes, servidos con o sin salsa.»
Totalmente de acuerdo. Eso de ir a la nevera y cogerte uno frío no decepciona tampoco.
Si quieres que te duren más de 3 días, congélalos en una bolsa de congelación o en un táper. Después los puedes recalentar al microondas, a la sartén o al horno.

Lo podéis presentar como queráis (como plato único no, por favor, esto es un acompañamiento, no debería ser el alimento principal), pega con cualquier cosa. De hecho podéis hacer como plato principal alguna de las recetas del mismo libro (Mirad en «Meatless Dishes» y en «Vegetables, vegetable dishes and salads»). Hay una receta muy fácil de arroz y lentejas al horno (página 121), un potaje de judías blancas (p. 125), otra versión en la página 159, etc.

Variaciones de la misma receta

Si seguís leyendo al acabar la receta de los vegetable cutlets veréis que hay cuatro variaciones más: con legumbre (añadiendo la misma cantidad de legumbres cocidas y picadas), con huevo (se puede usar tofu en su lugar), con frutos secos (añadir 2 onzas de frutos secos picados) y con cereales (ya cocidos, escurridos y secos, por ejemplo arroz o cebada), así que si queréis las croquetas con «más sustancia» y tenéis sobras de cereales, legumbres, frutos secos o tofu, ya sabéis.

Aunque con otros nombres, hay más variaciones de esta receta por el libro. En la página 122 tenemos una receta de «salchichas vegetales con legumbre y frutos secos» que dice que se prepare como la mezcla para estas croquetas de verduras, pero con legumbres y frutos secos. «De esta forma se pueden hacer un gran número de platos». Básicamente haciendo croquetas con las sobras. Lo llama «salchichas» porque supongo que hay que darles esa forma, pero son croquetas.
En la página 127 tenemos otra receta de salchichas vegetales, esta vez de avena, que tienen una preparación un poco diferente porque hay que hervir la avena en copos, pero al final es lo mismo, crear una masa, empanar y freír o dorar al horno.

Mayonesa… ¿caliente?

Sí, un shock, lo entiendo. Para hacer una mayonesa se usa un montón de aceite, sea vegana o no. Puedes echar un vistazo a este tutorial de veganesa básica. Por definición es una emulsión de aceite en agua, así que una mayonesa clásica será siempre así. Reducir la cantidad de aceite pasa por utilizar ingredientes diferentes que contengan menos líquidos y proporcionen también esa textura, por ejemplo tofu o patata cocida. O añadidos que incrementen la viscosidad, como (también) patata, goma xantana o almidones. Siempre llega un punto en el que si no añadimos más aceite aquello parece cualquier otra salsa menos mayonesa.
¿Os habéis fijado en lo que se parecen en textura unas natillas y una mayonesa? Pues así está hecha esta peculiar mayonesa sin huevos. Calentando la leche (vegetal) con el almidón de maíz para que haga del grueso de la salsa. Un poquito de aceite para el sabor y tacto, un poquito de mostaza para que se parezca más… Y listo.

La ventaja es que es muy fácil de hacer, no gastas apenas aceite, que es mucho más caro que la bebida vegetal y el almidón, y la cosa está buena.
Lo malo es que cuando se enfría se pone más bien dura. Se puede solucionar añadiendo menos almidón (como dije en la receta, me parece demasiado) y se puede mejorar el sabor echando menos vinagre.

Aquí otra prueba de mayonesa vegetal con menos almidón, menos vinagre y mostaza «sin bolitas».

Sobre el libro y la autora

Constance Dorothy Evelyn Peel escribía con el nombre de Mrs. C. S. Peel y ya era una persona conocida cuando se publicó por primera vez The Victory Cookery Book (1918). Había escrito y publicado otros libros de cocina y economía doméstica que fueron éxito de ventas como «Eat Less Meat Book» y «The labour saving house» (1917). Trabajaba como escritora también en periódicos y revistas, abordando temas relativos a la alimentación, la cocina o el ahorro, partiendo de su propia experiencia como ama de casa.







Save the Wheat and Help the Fleet ©
IWM (Art.IWM PST 4470)






The Kitchen is the Key to Victory ©
IWM (Art.IWM PST 6541)

En 1917 empezó a trabajar para el Ministry of Food del Reino Unido para conseguir racionar los pocos alimentos existentes y evitar el hambre. Las condiciones eran muy duras sobre todo para las mujeres pobres, que tenían que hacer colas de horas para conseguir su ración de algún alimento básico. Pronto se hizo obligatoria la cartilla de racionamiento y mucha gente le pedía recetas para cocinar variado (¡y rico, claro!) con lo poco de lo que disponían. Y era muy muy poco. Todos los recursos económicos y materiales iban preferentemente para la guerra. El Reino Unido importaba el 70% de los alimentos, así que imaginad lo que pasa cuando cesan las importaciones. Para la gente pobre, claro, porque los ricos podían pagarse la comida y los lujos perfectamente en el mercado negro si hacía falta.

«Sign the Food Service Pledge,» 1914-1918. Library and
Archives Canada, Acc. No. 1983-28-719, MIKAN no. 3667246

Para 1917 la situación era insostenible, tenían que depender de la producción interna y reducir el consumo, no solo comiendo menos cosas, si no evitando tirar absolutamente nada. Este libro es uno de los recursos con los que se pretendía educar en el bien cocinar y nada desperdiciar. El título va muy en consonancia con la propaganda de la época: Ahorrar en comida es ganar la guerra.

Podéis leer mucho más sobre Mrs. Peel en Bicycles, Bloomers and Great War Rationing Recipes: The Life and Times of Dorothy Peel, de Victoria Straker o en otras obras de la propia Peel como A Year in Public Life, en el que cuenta la situación que se vivía en el Reino Unido durante los años de la guerra. Os recomiendo mucho que los leáis, especialmente el de Peel, porque os da una idea mucho más amplia de cómo estaban las cosas en la época. Tampoco quiero extenderme mucho más sobre esto porque ya os dejo bibliografía de sobra para que ampliéis si os interesa ;)

Si leéis el libro (tenéis los enlaces más arriba) veréis que los consejos para cocinar diferentes alimentos no están anticuados, en general las recetas son fáciles, con ingredientes de andar por casa y pocos utensilios. Parece mucho más actual de lo que es.

Peculiaridades

¿Recetas veganas en un libro de 1918? ¿»Salchichas» vegetales?
La carne entonces era más cara que ahora (y no es que ahora sea más barata que las verduras, legumbres y cereales), tanto por el precio de venta como por los costes de producción, almacenamiento y transporte, por eso tanto en la primera como en la segunda guerra mundial se aconseja comer mucha menos carne. Ahorramos tod@s. ¿Os suena de algo? Por un lado la producción actual de carne es totalmente insostenible, y por otro una dieta vegana es mucho más barata que una con carne, lácteos y huevos, por mucho que se empeñe el cuñao de turno. Cuando la escasez de alimentos y la pobreza son un problema, como en este caso, se priorizan verduras, legumbres y frutas, preferiblemente de proximidad y de temporada, que son los recursos nutritivos más baratos que podemos comer. En el caso de Estados Unidos, además, se hacía hincapié en reducir el consumo de azúcar. En 1916 los estadounidenses consumían nada menos que 85 libras de azúcar al año por persona. Eso son 38,55 KILOS de azúcar. Los franceses, 16,78 kg y los alemanes 9. La industria de los dulces (caramelos, chocolates y bebidas azucaradas, y refinerías de azúcar) estaba en auge y la gente comía azúcar a espuertas. Así que fuera carne, fuera azúcar y fuera trigo, que no es por el gluten ni nada de eso, si no por estar escaseando. De paso, fuera todo lo que consuma mucho combustible (no, no tenían vitrocerámica para cocinar, ni batidora, microondas, horno eléctrico… y mucha gente no tenía agua caliente… ni agua corriente) o suponga mucha limpieza (todo en una misma olla, o one-pot meals). ¿Y qué nos queda? Comida real. Vaya, ¿eso no era un invento moderno? pues tan moderno como las salchichas vegetarianas (no lo llames salchicha si no lleva carne mimimimi).

Así que en tiempos de escasez, dieta vegetariana o vegana, especialmente para los pobres. Sí, eso que el cuñao dice que es para ricos. Y no, tampoco había toda la gama de procesados que tenemos ahora, de hecho estaban empezando a venderse los primeros (los corn flakes, Oreos, Moon pies…), así que no, la gente no iba a un supermercado y compraba pizzas refrigeradas, paquetes de salchichas y patatas fritas. Iban a la frutería, verdulería, ultramarinos, etc., compraban básicos y los transformaban en casa. ¡Cocinaban! Bueno, cocinaban las mujeres. Los hombres no, salvo poquísimas excepciones que solían ser «chefs y profesionales de la cocina» como el co-autor de The Victory Cookery Book, Iwan Kriens.

Otros libros

Aparte de los ya mencionados de Mrs. Peel, podéis echar un vistazo también a Foods That Will Win the War and How to Cook Them (1918), War Time Cook and Health (1917), Home canning and drying of vegetables and fruits (1918), The Belgian Cook Book (1915), o «Victory» cook book (1919),

¿Y en España?

Si he elegido este libro es por lo representativo de la cocina en tiempos de guerra, la frugalidad, el ahorro, etc. de regiones en las que, a pesar de todo, los alimentos básicos están disponibles para la gran mayoría de la población, que, además, sabe leer y puede comprar un libro. La situación en España en la época era muy diferente. No participó en la guerra pero eso no significa que disfrutase de unas condiciones mejores. De hecho la pobreza estaba mucho más extendida y la tasa de analfabetismo llegaba al 50% (70% en el caso de las mujeres). Sí se publicaron libros de cocina entre 1910 y 1920, pero estaban dirigidos a la minoría pudiente y letrada. Os dejo algunos enlaces para que echéis un vistazo (están los libros y revistas completas):
La cocina práctica. Manuel Mª Puga y Parga (Picadillo) (1913)
La cocina española antigua. Emilia Pardo Bazán (1913)
La cocina moderna. Carmen de Burgos Seguí. (1918)
El practicón: tratado completo de cocina al alcance de todos, y aprovechamiento de sobras. Ángel Muro (1919)
Revista «El régimen naturalista» de la Sociedad Vegetariana Española (ejemplares del 01/1904 al 12/1912)
Revista «El Gorro Blanco» (1906 – 1946)
Revista «Cocina artística y casera» (1917-1918)

Espero que os haya gustado tanto la receta como el libro.
¿Tenéis algún libro de cocina de la época (heredado, estaba por casa, descargado en pdf, etc)? Si es así, ¿Habéis probado a hacer alguna receta? :)

CreatiVegan.net

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